Las reacciones al conflicto pesquero siguen sucediéndose.
Ayer el Gobierno de Gibraltar reaccionó con un alejamiento frontal de las decisiones que se están tomando en la comisión de expertos independientes en la que se está analizando la cuestión pesquera. El Ejecutivo de Picardo considera que se están malinterpretando algunos términos de la comisión y rechazó de plano que la cuestión pesquera esté en el ámbito de lo polÃtico, mientras en la parte española el ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, sugirió de forma velada que las raÃces del conflicto se encuentran en el interés por marcar la territorialidad de las aguas por parte de Gibraltar.
La realidad es que volver al acuerdo de 1999 no es, para nada, una cuestión difÃcil, porque se ha estado trabajando con él durante años sin problema alguno. Es adecuado analizar el asunto desde el punto de vista ambiental y que los expertos españoles apuntados por los pescadores cotejen el asunto, pero que nadie se engañe: esto es un conflicto polÃtico. Fue el ministro de Medio Ambiente de Gibraltar, John Cortés, quien inició la reclamación ambiental en la que se ha hecho fuerte el Gobierno del Peñón. Y en ese momento comenzaron los problemas.
Ahora no hay un ámbito en el que discutir el asunto sin entrar en el sempiterno problema de la soberanÃa de Gibraltar y nos encontramos con una indefinición que afecta no solo a este, sino a muchÃsimos aspectos de la vida cotidiana de Gibraltar y La LÃnea.
En esa indefinición, por evadir la soberanÃa, al final siempre salen perjudicados los linenses. Necesitamos mucha, muchÃsima cooperación y diálogo a ambos lados de la Verja, pero también polÃticos que entiendan y resuelvan el problema, que resuciten ámbitos de trabajo común y acaben con la indefinición que nos afecta y que, según los datos del barómetro del Instituto Elcano, parece importarnos solo a nosotros. Porque somos quienes lo padecemos y después de trescientos años seguimos pregonando en el desierto. Y asà nos va.
Autor: Editorial
