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Vista del Peñón y del puerto durante la II Guerra Mundial.Los Archivos Nacionales del Reino Unido desclasificaron a principios del año 2004 unos documentos referentes a los primeros años de la década de los cincuenta, que desvelan una disputa mantenida entre los Gobiernos de Madrid y Londres sobre una negociación abierta en 1940 respecto a la devolución de Gibraltar a cambio de la neutralidad de España en la II Guerra Mundial.
En estos documentos, que tuvieron una gran difusión en su momento se relataba cómo el 6 de agosto de 1953, F.J. Leisham, un alto funcionario del Foreign Office recibió una escueta nota de Downing Street. “Querido Leisham”, arrancaba el texto, “el subpárrafo c del telegrama de Madrid número 211, del 4 de agosto, hace referencia a ‘las esperanzas de restitución del Peñón otorgadas a España durante la guerra’. El primer ministro quedaría muy agradecido si se le pudiera hacer llegar una breve nota sobre la cuestión. ¿Qué le dijimos a Franco sobre Gibraltar durante la guerra?”.
Esta nota está firmada por Anthony Montague Brown, secretario privado de Winston Churchill desde 1952 hasta la muerte de éste. La pregunta que Churchill se hace a través de Montague Brown acabó generando un detallado dossier que se ha mantenido en secreto durante cincuenta años y que vio la luz pública por primera vez el 2 de enero de 2005.
El archivo desclasificado, con la referencia PREM/680 1953-54, contiene una quincena de documentos que detallan los dos enfrentamientos diplomáticos desatados por Franco en los años 1953 y 1954, en los que acusaba al Reino Unido de haber incumplido su promesa de negociar la devolución de Gibraltar a cambio de que España se mantuviera como país neutral durante la II Guerra Mundial.
Los documentos ilustran la capacidad del franquismo para acercar la realidad a sus intereses y presentar los hechos de manera que pareciera que Winston Churchill apoyaba al régimen. Pero al mismo tiempo ponen de manifiesto las piruetas que tuvo que hacer el primer ministro británico durante la guerra para mantener con Franco una relación lo bastante distante y lo bastante próxima.
También se desvela el interés que puso Londres en tratar con sordina las acusaciones lanzadas por Franco en los años cincuenta: de los papeles ya desclasificados se deduce que Churchill rehuyó el cuerpo a cuerpo porque, al no tener registro de algunas de las conversaciones entre representantes de ambos gobiernos en que se basaba la diplomacia franquista para asegurar que los británicos habían incumplido sus promesas, no tenía pruebas suficientes para enzarzarse en un dilema con Franco. La crisis fue abierta tras la publicación de una entrevista a Franco, en la que este acusaba al Reino Unido de incumplir las promesas realizadas por el Gabinete de Guerra.

DESENCADENANTE.- La crisis fue abierta por un telegrama remitido por la Embajada británica a Churchill en el que se informaba que el 4 de agosto de 1953 los tres grandes periódicos de Madrid publicaban editoriales “denunciando en términos vehementes la ocupación británica de Gibraltar”. En concreto, ‘Arriba’ publicó “una entrevista especial con el Generalísimo en la que el caudillo planteaba entre otros los siguientes puntos: a) sin España Gibraltar no vale nada; b) ningún español debería tener permiso para trabajar bajo bandera extranjera; c) si las esperanzas de restitución del Peñón ofrecidas a España durante la guerra no son satisfechas, que nadie dude que usaremos todos los medios para poner fin a tan ofensiva situación”.
Uno de los documentos desclasificados del Foreign Office, explica que el 18 de junio de 1940 fue definida la política británica hacia España en las Conclusiones del Gabinete de Guerra, en la que se decía que “podíamos decir a los españoles que ‘estaríamos libres después de la guerra para discutir cualquier materia de interés para España y para nosotros’. El Gabinete de Guerra decidió porco después, sin embargo, que esa oferta debía omitir a Gibraltar”.
Sin embargo el 26 de junio de 1940, el primer ministro británico escribió una minuta al secretario de Estado que “no ganaríamos nada ofreciéndonos a tratar la cuestión de Gibraltar al final de la guerra. Los españoles sabrán que, si ganamos, las discusiones no tendrán fruto alguno y si perdemos, no serían necesarias”. Estas declaraciones, según los medios de comunicación que difundieron en su momento la información, “fueron utilizadas por los franquistas”.
Las propuestas del Gabinete de Guerra británico al Gobierno español se apuntan en un a tesis doctoral realizada por un joven historiador español hace diecisiete años, según explicó al publicarse la noticia el escritor linense Alfonso Escuadra, experto en la II Guerra Mundial y autor de diversos libros sobre esta época, entre los que destaca ‘A la sombra de la Roca’.
Alfonso Escuadra afirmóen su momento que había incluido conclusiones de esta tesis en ese libro. “Se conocía que durante el período preparatorio de la guerra se produjo un acercamiento diplomático hacia España para que fuese un país neutral y que posteriormente Franco utilizó para reclamar la devolución de Gibraltar en base a esas negociaciones”.
A su juicio, los textos desclasificados “necesitan aún un análisis profundo para poder opinar sobre ellos”,p ero “queda clara una cuestión: la II Guerra Mundial es aún un tema abierto, del que se desconocen muchas cosas y que tardarán en descubrirse porque a algunos gobiernos como el del Reino Unido, no les interesa que se sepan”.
El escritor e historiador linense consideró también que ante cualquier análisis sobre estos documentos, habría que tener en cuenta las situaciones del Gobierno de Inglaterra. “¿Alguien cree que un Reino Unido vencedor de una guerra va a dar algo? Antes de la lucha promete todo: su casa, el perro, su coche…Pero después de haber salido ganador ¿qué va a devolver?”, reflexionaba.
Por eso, argumentó que los documentos “de valor para los estudiosos” sólo confirmaban una tendencia que ya se había apuntado en diversas ocasiones por los historiadores.
Alfonso Escuadra tiene en su haber cuatro volúmenes publicados sobre la II Guerra Mundial, en los que realiza un análisis exhaustivo sobre el papel jugado por las distintas localidades del Campo de Gibraltar, y en especial por la Roca, durante el último período bélico más importante de la reciente Historia de la humanidad.

WISTON CHURCHILL.- El día 20 de mayo de 1954, Winston Churchill afirmó en la Cámara de los Comunes que “durante la última guerra no se hicieron promesas de ceder Gibraltar a España” y aceptó que se publicara en el Hasard, el diario que da fe de los debates en la Cámara, la minuta que escribió el 26 de junio de 1940.
El memorando del Foreign Office en esta segunda crisis destaca que la “sesión secreta” de los Comunes, a la que alude la diplomacia franquista era un debate público sobre política exterior y que la cita de Churchill a la que se refiere el Gobierno de Franco “es maliciosa” porque el primer ministro no habla de abordar los problemas que tiene España, sino los problemas que podría generar a este país el bloqueo que mantenía Gran Bretaña para evitar que Alemania utilizara los puertos españoles para avituallarse durante la guerra.
La nota del Foreign Office rechaza las acusaciones del Ministerio de Exteriores español: “Los argumentos del Gobierno español se basan en evidencias débiles. Ninguna de ellas demuestra que el Gobierno de Su Majestad se comprometiera a negociar sobre el futuro de Gibraltar, y aún menos que se planteara la cesión del Peñón”.
Pero, a pesar de esa firmeza, el Foreign Office concluye que más vale no entrar en polémicas con España. “El comunicado es un documento débil que no convence, y por eso la prensa ha mostrado tan poco interés”, escribía Andreas S. Stark en una carta con el sello del Foreign Office y el encabezado “confidencial”, que el 31 de mayo de 1954 envió a sir John Colville, amigo y biógrafo de Winston Churchill y su principal secretario privado.

ESPAÑA EN LA II G.M..- Inglaterra, conocedora de la importancia de España en esos momentos (verano de 1.940), siguió con la estrategia de ganar tiempo y como afirmó uno de sus principales estrategas, Liddel Hart: “Una España amistosa es deseable, pero una España neutral es vital”. Así por ejemplo, no tuvo inconveniente en aceptar un acuerdo entre España y Portugal, por el cual los dos países ratificaban su relación anterior y que en realidad no comprometía a ninguno de los dos países.
Inglaterra nombró embajador en Madrid a una persona importante del conservadurismo como era Sir Samuel Hoare, que junto con Halifax, eran partidarios de mantener, con respecto a España, una actitud de apaciguamiento mediante la utilización de la presión alimenticia y de aprovisionamiento. Así, mediante acuerdos sucesivos durante los meses finales de 1.940, Inglaterra suministró el petróleo suficiente y los imprescindibles aprovisionamientos alimenticios como para que pudiera subsistir y, al mismo tiempo, se mantuviera en unas condiciones de tan sólo supervivencia que la convertían en incapaz de entrar en la guerra. Como diría el ministro falangista Pedro Gamero del Castillo “los británicos prometían alimentos a cambio de paz, mientras que los alemanes lo hacían a cambio de guerra”.
Aún así, Inglaterra, ante la posibilidad de que los alemanes invadieran España, hizo que se diseñaran determinados planes militares consistentes en provocar destrucciones para así retrasar el avance adversario. De entre todos estos planes estratégicos el que estuvo más cercano de llevarse a cabo, durante 1.940 y 1.941, fue la toma. Es preciso recalcar que en todos estos planes estratégicos se partía de una actitud reactiva, por así denominarla. Ninguna de estas iniciativas se tomaría si la situación española no se modificaba.

strong>Autor Pep Martínez

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