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Los albinegros salieron victoriosos de su visita a feudo del eterno rival, al que doblegaron por 0-2, algo que celebraron por todo lo alto con sus seguidores, situados en una esquina de la preferencia. Recorría la Inmaculada Concepción las calles más céntricas de La Línea, cuando pasadas las ocho menos cuarto de la tarde, salta la noticia. “Penalti a favor de la Balona”, susurraban efusivos algunos seguidores que seguían el clásico por la radio. “Gol de Copi”, un minuto después. Eran momentos históricos los que estaban presenciando in situ, delante de la procesión Magna que servía para festejar el 250 aniversario de la Patrona linense. Mientras, a 21 kilómetros, al otro lado de la Bahía, los aficionados albinegros disfrutaban en las gradas del Nuevo Mirador con un triunfo que también tendrá su hueco en la historia de los derbis de la comarca. Pasará a los anales como un 0-2, sin más, pero detrás de ese resultado hay mucha tela que cortar.
Catorce años después, la Balona sale victoriosa del campo del eterno rival. Pero no sólo eso, sino más cerca que nunca antes en todo lo que va de temporada de la cabeza de la clasificación, ahora a sólo tres puntos, por encima del Algeciras, al que le supera por la diferencia de goles (más once por más nueve de los albirrojos), lo que supone una inyección de moral para equipo y toda la familia albinegra y dando un golpe en la mesa para meter su nombre entre las quinielas de favoritos a disputar la fase de ascenso a Segunda División B. Sin embargo, no fue un triunfo contundente, posiblemente, ni siquiera reunió más méritos que su adversario para conseguirlo, lo basó en su mayor pegada, y, posiblemente, viéndose favorecido por la jugada que terminaría resultado clave del derbi, perfecto casi en todo, menos en la actuación del árbitro. Se vio muy a las claras, que el sevillano Juan Manuel García Gutiérrez no está acostumbrado a dirigir encuentros de esta índole, de tanta trascendencia, con más de 4.000 personas en un estadio de Tercera División y le pudo venir grande, muy grande. Su mala actuación se refleja en las quejas constantes durante todo el partido por parte y parte. Otro dato más para su mal expediente: 13 cartulinas amarillas en un choque en el que no hubo un mal gesto, ni una sola patada. La desacertada aparición por el clásico acabó rematándola con un penalti más que dudoso de Roberto sobre Juampe, que resultó decisivo. Copi no falló y ahí murió el encuentro, que terminó con 0-2, gracias al tanto de Javi Catalán, que certificó el triunfo con una contra perfecta con el rival a la desesperada.
Antes de que ocurriera todo esto, se pudo ver un primer tiempo feo en cuanto a juego, aunque con unas gradas (tribuna y preferencia) preciosas por el colorido y el ambiente. El Algeciras empezó mejor y creó más peligro. A los cinco minutos Roberto obliga a lucirse a Camacho con una falta directa, desviada a saque de esquina. La Balona sólo aparece a la media hora con un centro in extremis de Cristian, que Copi está a punto de cazar en el primer palo y viniendo desde atrás. La más clara, cabezazo de Chapi, a centro perfecto de Raúl Domínguez, que más de uno vio dentro.
En la caseta parece que llegan las descargas eléctricas porque el partido se reanuda con un ritmo altísimo, impuesto, eso sí, por el Algeciras, que domina totalmente la situación y comienza a acumular ocasiones que le hacen ser merecedores de la victoria a los puntos. Aunque la primera, curiosamente, fue albinegra. Crsitian bota una falta lateral y Carlos Guerra remata, aunque May desvía providencial con Félix ya batido. Luego, carrusel rojiblanco. Lo inicia Caballero con un disparo lejano que se va por muy poco. Lo sigue Raúl Domínguez, con un servio para May, a punto de rematar a bocajarro. El propio atacante algecireño se vuelve a lamentar cuando en el 55´, remata solo un córner y Javi Gallardo la saca bajo palos cuando se colaba. Un minuto después, gol anulado a Alvi Carrasco por posición de fuera de juego, muy discutido. Dos después, lo intenta Nico Bezares, que pone a prueba a Camacho. Llega el cambio sorprendente de Iván por Chapi, el Algeciras parece que se va a resentir porque sólo se queda con una alternativa de ataque, pero la posterior entrada de George le da otro aire, incluso más positivo. Es el gibraltareño el que vuelve a tenerla cuando, nada más entrar, se marca una jugada que no es perfecta por la definición: desviado junto al palo largo. Y las más clara de todas, el disparo de falta de Raúl Domínguez que besa el travesaño para desesperación de los algeciristas, que estaban presenciando los mejores de su equipo, viendo más cerca que nunca el 1-0, pero lo que llegaría, minutos después, el 0-1 y, en el 92´, el 0-2.


Autor: Manolo Cote

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