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Víctor Quintanilla, al lado de una de las ventanas que han instalado recientemente.Víctor Quintanilla – El artista, que está muy agradecido a todas las empresas que están contribuyendo a que su Museo poco a poco se vaya haciendo una realidad, espera poder contar con un poco de ayuda para que pronto esté terminado. “Al igual que ahora ha colaborado Luis Gutiérrez, espero la ayuda de algún constructor

El artista Víctor Quintanilla está volcado desde hace muchos años en su mayor sueño, la construcción de un Museo, donde se puedan recoger sus trabajos, y todos aquellos vestigios que han ido conformando la historia de la ciudad. Todo comenzó con la compra de un solar en la calle clavel, esquina con la calle Sagunto, lugar en el que nació José Luis Segura, apoderado del matador de toros, Jesulín de Ubrique. En la actualidad, Quintanilla se muestra muy agradecido a la carpintería metálica Luis Gutiérrez que ha instalado recientemente las ventanas del Museo.
–Hay avances importantes en el Museo que estás construyendo.
–Estoy enormemente agradecido a la empresa Luis Gutierrez, ya que en este proyecto tan duro y tan largo en el tiempo, y tan costoso, ha sido un puntal importante.
Las circunstancias son las que son y ha llegado todo a una situación en la que no tengo más remedio que pedir ayuda. En este caso en concreto, la empresa Luis Gutiérrez ha sido mi gran mecenas, y con todo el cariño y con todo el mimo están poniendo las ventanas del museo. Además, las están colocando en el color que a mí me gustaba: azules, para que hiciese juego con la cerámica del edificio. La verdad es que la colocación de las ventanas está causando una agradable impresión.
– El color azul y el amarillo, destacan de una manera determinada en la fachada del museo, ¿no?
–Sí, porque el azul siempre ha sido un color que me ha gustado. El azul significa inmensidad y el amarillo significa riqueza. De hecho, el oro es amarillo, el sol que nos da la vida es amarillo, el trigo cuando está maduro es amarillo. Yo, al dedicarme también a la pintura tengo conocimiento de ello. Los colores son terapéuticos, es decir, son curativos. Si una persona está deprimida lo que debe hacer es vestirse, por ejemplo, o ponerse cosas de color naranja. Por ejemplo, el rojo es vitalidad, fuerza, energía. El planeta Marte se llama así porque es rojo. Todo tiene su significado.
En los colegios, las pizarras y las mesas son verdes para tranquilizar, serenar. Si la pizarra o las mesas fueran de color rojo, imagínate como estarían los niños.
-¿Cuándo nace la idea de construir un museo?
–Desde pequeño. Todo sucede en la infancia, que es la etapa fundamental, que te marca en la vida. Lo que tú haces o lo que te ocurre de niño, te define en tu vida. Por eso, trato siempre que en mis clases y en mi entorno los niños nunca agredan a los demás, poniéndoles apodos o ridiculizándolos porque eso marca toda su existencia. Muchos de esos niños y personas obesas, tienen también una razón psicológica. Por eso, hay que mimar la niñez, hay que hacerle participativo, responsable, consciente, hablarle porque los niños entienden y comprenden porque son muy receptivos.
–Entonces, esa idea surge a una edad muy temprana.
–Sí, creo que fue cuando yo tenía 6 años. Mi abuelo tenía una huerta y allí me encontré un día una moneda portuguesa, que todavía la conservo. Yo lo conservo todo. Soy un recogedor total. A todo le veo una posibilidad. Por eso, cuando tengo una idea en el caso de la escultura o la pintura, rápidamente la inicio para que no se diluya.
-¿Cuándo se puso la primera piedra en el museo?
– Yo compré el solar. No tenía dinero, pero soy muy decidido, muy valiente, muy optimista…y decidí comprarlo. Las personas cuando son optimistas y se lanzan todo les sale bien. Lo que no hay que estar es en la tragedia, en la pena, en la angustia. Eso hay que rechazarlo totalmente. A mí no me importa estar siempre en números rojos. Ya me acostumbré, pero sigo adelante, y si veinte puertas no se abren, alguna se abrirá, o una ventana, como en este caso, en el que Javier, el hijo de Luis Gutiérrez, que con toda su amabilidad ha hecho posible que el museo dé este gran salto. A ver si cunde el ejemplo y alguien más ayuda. Ya quedan pocas cosas por terminar en el museo, que a un constructor fuerte de la ciudad no le supondría nada. Si a uno le parece excesiva la ayuda, habiendo 3 ó 4 constructores podrían ayudar. Cada uno haría un poquito y con ello contribuirían a que se vea terminado este proyecto.
Muchas personas dicen que este proyecto es particular, pero ya no lo es así porque hemos formado una asociación socio-cultural. Este proyecto tiene varios fines tales como culturizar, fomentar todo lo que sea bello y hermoso e inteligente del hombre para el resto de la ciudad y de la comarca, e incluso de la provincia. Por lo tanto, cada actividad que allí se haga es un bien para la ciudad. Cuando vienen los turistas preguntan qué hay que ver, y si se le ofrecen cosas interesantes, vienen y luego se pasean por las calles y se divierten.
–¿Cómo viviste la compra de dicho solar?
–No tenía suficiente dinero y faltaba un mes para que yo pagara un millón de pesetas y si no lo hacía perdía el terreno y el dinero que había dado, pero siempre alguien llama a la puerta. Nosotros teníamos un pequeño en Huerta Fava y vinieron preguntándome si tenía algún piso para vender, le pedí el millón por adelantado, pagué lo que debía y pude salir adelante.
–Además, estamos hablando de un terreno que tiene historia, ¿no?
–Sí, porque ahí nació y vivió José Luis Segura, que fue un torero de La Línea, que ahora es el apoderado de Jesulín de Ubrique. Ahora tengo su teléfono y vamos a estar en contacto para ver si aporta algo al museo.
-¿Cuántas fases ha tenido la edificación?
–Yo llevo una vida muy austera, como la puede llevar el más extremo ermitaño. No tengo coche, no tengo móvil, no tengo ordenador, no voy de viaje, no voy a comprar ropa, no salgo. Ahora, me acuesto a las tres o las cuatro de la mañana, pintando cuadros para venderlos, y con eso puedo aportar cosas al museo. Muchas veces veo cosas que me interesan para el museo. Por ejemplo, el otro día vi una figura románica en Gibraltar y como era mucho lo que me pedía, lo he convencido para cambiárselo por un cuadro mio.
El Museo podía estar terminado hace nueve o diez años, pero el constructor no cumplió con su palabra, empezó el boom de la construcción y mi obra no le interesaba. Luego, ya nadie quería retomar una obra que estaba empezada. A los tres años pude retomar el proyecto, pero me pedían más por terminarlo que por construirlo entero. Por eso, tuve que pedir los préstamos.
–¿Qué le falta para acabarlo?
–Son cosas puntuales las que le hace falta. Necesito que aparezca otro ángel como Javier Gutiérrez y que sea capaz de colaborar y que esto se termine y empiece a funcionar. La electricidad está instalada, la fontanería también, aunque quedan algunos ajustes.
Ya tengo las ventanas instaladas, que son de aluminio con cristal de climalix. Son estupendas. El personal que ha venido es muy agradable. Algunas son de arco de medio punto y eso tiene su trabajo. Aparte de que quede constancia el nombre de Luis Gutiérrez en el edificio, estoy a su disposición y le haré un buen regalo porque se lo merece todo.


Autor: A. Mateo / C. Sánchez

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